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21 feb 2012

A verlas venir.

Mientras las aves van tomando posiciones en las zonas en las que pretenden criar y con sus cánticos tratan de atraer a las hembras que les permitirán seguir manteniendo la especie en Las Tablas se siguen haciendo pequeñas reparaciones.
El ciclo natural continua, el instinto de supervivencia, después de miles de años de rutina, ha enseñado a los animales a saber cuales son sus depredadores y el hombre es el mayor que han conocido.
Mientras los humanos, que parece que ya ni hacemos caso al instinto, ni a los datos precisos que maneja la ciencia, nos sentamos ante el televisor a verlas venir. Las grullas, mientras tanto, van partiendo desconcertado su instinto al creer que la primavera se vendrá encima en cuatro días, sin apenas tiempo para dejarnos adaptar de las  gélidas temperaturas de este invierno crudo al calor atípico que podemos sufrir en poco más de un mes.
El último  paseo que di por Las Tablas me ha permitido recapacitar sobre su futuro. Si los ciclos  que dicta la climatología, y ateniéndonos a la lógica de las estadísticas nos abocamos a unos años de sequías, si las políticas que se pretenden son de todo menos sensibles con el medio ambiente, este humedal nos ofrecerá más de un día de tristeza.
El otro día durante mi caminata, aun cuando estén rebosantes, sentí demasiado el amarillo pajizo de la vegetación, pesaba demasiado en las composiciones fotográficas que pretendía, creí ver una metáfora futura a través del visor de la cámara. Ojalá sea una percepción equivocada.

19 feb 2012

Con poco que lloviese...

Hoy, por fin, pude ir a Las tablas. Las encontré magníficas en cuanto a la cantidad de zonas encharcadas. El río Guadiana que ha estado vertiendo el agua del Azuer en el Parque Nacional en cantidades que rondan los 270 litros por segundo  ha propiciado que el líquido elemento rebase la presa de Puente Navarro. El agua que se retiene ha ocupado los espacios que se extienden por la zona noreste hasta cubrir más de 1200 ha. de las 1700 que son inundables.
El paseo a tan temprana hora, con una temperatura mucho más soportable que la de días pasados, me ha ofrecido pocas sorpresas sobre la fauna que podido ver, si exceptuamos a una hembra de ánade real aquejada de leucismo, a la que por fin he podido fotografiar ya que llevo viéndola todo el invierno y hasta hoy no conseguí una imagen decente. Unos porrones europeos habituados ya al trasiego de la gente que apenas se inquietaron ante mi presencia; un zorro que se escabulló entre la vegetación antes de darme tiempo a reaccionar. Un grupo de anátidas cobijadas entre el carrizo disfrutando del cálido sol que ya comienza a derretir las partes que se han helado, entre las que descubro con sorpresa que están integrados unos cuantos ánades rabudos.
Un alcaudón real sigue reclamando compañía en un interminable trinar en la misma talaya que es el taray seco que le ha servido de soporte todo el invierno para otear cuanto pasaba a su alrededor.
Mientras unos flamencos  dormitan sin prisas sabiendo que su comida está asegurada un cormorán sorprendido trata de alzarse sobre el agua hasta alcanzar el vuelo que lo aleje del peligro.

 continuará.