10 mar. 2010

Las Tablas de Daimiel. Azules.

Una serie de motivos familiares me han impedido viajar a Las Tablas estos últimos diez días. Ayer, por fin, pude hacerlo, pero con una intención distinta. El periodista de El País que trata los temas de medio ambiente, Rafael Méndez, me comunicó su propósito de viajar hasta Daimiel y visitar el Parque Nacional. Quería recoger algunas opiniones sobre lo que acontece en este humedal con el fin de hacer un reportaje en el dominical que se publica los domingos junto con el periódico. Espero no haberle aburrido demasiado, que alguno de los datos que ofrecí le resulten de interés y, sobre todo, que el paseo que dimos le haya resultado placentero y que las vistas panorámicas de unas Tablas inundadas por completo que pudimos contemplar le resulten inolvidables.
Hoy viajé solo. La idea que bullía en mi mente era la de poder captar con la mayor fidelidad posible el límpido cielo azul que, después de tantos días grises, anuncia la inminente primavera. Estas que se muestran son algunas de las imágenes que he realizado hace unas pocas horas.
Durante el paseo un silencio absoluto ha sido mi mejor compañía. La falta de sonidos conocidos: el canto de un pájaro, el ruido lejano del motor de un tractor, el silbido del pastor que arrea las ovejas, esos ruidos que por instantes le sitúan a uno en el mundo real, esos sonidos que de pronto nos asaltan y rasgan el silencio son los que hacen entender que la tierra gira, que el mundo no se ha detenido, porque hasta que eso ocurre todo es quietud, calma, éxtasis bajo un inmenso cielo azul.