31 oct. 2010

Cualquier parecido con la realidad...

A lo largo de este cálido y extraño verano he podido comprobar la situación real de lo que queda de algunos de los espacios que  forman lo que se ha denominado La Mancha Húmeda.
En una serie de reportajes iré exponiendo lo que he visto. Lo que queda de lo que un día no muy lejano fueron parajes increíbles, ya que resultaba desconcertante y agradecido comprobar cómo en una tierra tan llana, seca y de clima hostil de veranos muy calurosos e inviernos fríos y con una media de precipitaciones anuales en torno a los 400 mm. era fácil toparse con desniveles en el terreno de los que surgían lagunas de diferentes características (surgencias del agua por ojos debido a la sobrecarga del acuífero 23; zonas inundadas por el agua de la lluvia en antiguos poleocauces; desbordamientos de ríos que mantenían sus vegas anegadas buena parte del año; etc.)   en las que la vida ofrecía su espectáculo más común, más explícito, más conmovedor.
Todo aquello que nuestros abuelos respetaron, que nuestros padres disfrutaron  y explotaron para la subsistencia unos, y hasta el expolio otros. Todo aquello que hemos visto con la maravillada mirada de un niño, todos nuestros paraísos de la infancia han sido borrados de la faz de la tierra y  hoy son historia. Triste historia escrita a golpe de retroescavadora, vertederas y  pívot.
Una historia que como siempre escribe el hombre con párrafos emborronados y turbios  de soberbia bajo un léxico retorcido que confunde y calla a las voces más humildes.
Renglones que algunos pocos tratamos de reescribir con  el léxico que la naturaleza dicta -con la sabiduría que conlleva  millones de años de experiencia- dónde poner los signos  de forma correcta. Para que nadie dude, ni tergiverse para beneficio particular, el sentido de cada palabra, el estricto cumplimiento de un punto y aparte.
El PN. Las Tablas de Daimiel representa un caso especial dentro de las diferentes zonas húmedas de la Mancha. Este paraje que tiene una extensión inundable de 1650 ha. es ahora mismo el espacio mejor conservado de las lagunas que quedan.
La confluencia de los ríos Guadiana, de aguas dulces y permanentes, y su afluente el Gigüela, de aguas más salobres, permitían que en la zonas inundadas, dada esta particularidad, se desarrollasen en cantidad y variedad una serie de especies animales y vegetales como no ocurre en el resto de otras lagunas.
Hoy cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.