11 feb. 2012

El sueño de la razón produce monstruos.

Cuando las circunstancias obligan a cambiar los hábitos y la rutina se rompe en pedazos hasta hacernos entender que se acabará el mundo lo mejor es constrartar los elementos positivos que genera la nueva situación con los negativos hasta comprobar si al final, aun cuando creamos lo contrario, hemos ganado en aspectos desconocidos que terminan siendo beneficiosos.
Quedarse sin vehículo tiene sus inconvenientes, pero he sabido encontrar las ventajas que ello me ha reportado y, puedo asegurar que son muchas más.
Lo más incómodo ha sido no poder viajar a Las Tablas y ver la evolución que han tenido durante estas pasadas semanas que han producido una serie de noticias que eran importantes de mostrar a los seguidores de este espacio.
Mientras eso ha ocurrido los largos paseos que permite la carencia de un coche me han permitido recapacitar sobre cuestiones varias; la ventaja superior de henchir los pulmones de aire fresco y que el cerebro se oxigene despojándose de las incongruencias a las que el presente nos aboca ha resultado adictiva.
No obstante esa depuración mental no consigue hacerme salir del impasse en el que me encuentro desde hace tiempo, un tiempo que corre inexorable empujándome en el pozo de la rutina del que intuyo me está acercando demasiado a un hastío que amenaza involución, y creo no ser el único.
Pero, aun así, avanzo; me golpeo con la pared cilíndrica de este agujero sin fondo intentando  que por algún lado rompa para poder scapar por alguna grieta hasta encontrar la claridad de un nuevo espacio, de un tiempo nuevo.
El paisaje cansino del crudo y seco invierno que estamos padeciendo también me aburre hasta al saciedad, será porque  el viento del norte, constante desde hace semanas, no permite que me pueda tumbar para conseguir una panorámica de un cielo infinito, herido, eso sí, por las lineas trazadas por el queroseno de los reactores que lo bifurcan.
Gracias a que elementos diferentes conforman el paisaje me voy entreteniendo. Si los modelo a mi gusto puedo conseguir un tipo de obra que me produce más satisfacción que el típico paisaje mudo, de silenciosa postal.
El resultado de estas obras ha dado origen a una serie que he titulado: El sueño de la  razón produce monstruos, que servirán para ilustrar una serie de páginas de este espacio en las que trataré de explicar porqué me produce tanta desilusión, tal desasosiego la incongruencia de algunas declaraciones políticas recientes sobre el medio ambiente.
Mientras tanto voy dando puntadas sin hilo intentando aprovechar las adversas circunstancias a mi favor por si acaso encuentro la coherencia suficiente que me permita hilvanar esos retazos sueltos que voy encontrando en los largos y beneficiosos paseos que ahora me tocó dar.