19 sept. 2011

Una fábula breve

¡Hola! Soy un pequeño chorlitejo chico que he nacido en la zona este de Navaseca. Soy muy pequeño pues apenas tengo un par de semanas. Aquella mañana de julio no se me olvidará nunca.
La impaciencia por conocer el mundo hizo que me despistase y saliese fuera de la zona de seguridad que me habían señalados mis papás.
Tenía hambre y  fui a buscar comida; la emoción de poder comer en las orillas de aquella laguna repleta de nutrientes no me dejó ver aquel espantoso artefacto móvil que se paró a mi altura.
Al ver al gran Homo Sapiens bajar y mirarme salí huyendo sin saber que dirección tomar, intenté adentrarme en el agua pero casi me ahogo. 
Rendido por la carrera y el miedo que tenia caí desvanecido. El Homo me miraba con una amplia sonrisa, noté cierta emoción en su mirada. Más allá oía la llamada de mi mamá, pero no la veía
De pronto el hombre se levantó, se subió en el horrible cacharro que lo llevó hasta allí y se alejó sin dejar de sonreir.
En cuanto se alejó corrí hacia mi mamá que alzó su ala para cobijarme.
El Homo sapiens seguía lentamente alejándose sin dejar de mirarnos.
Mis papas me echaron una fuerte reprimenda y sólo me dejaron salir dos semanas después.
Aquel verano de dos mil once fue muy emocionante, también estuvieron mis tíos y mis primos los chorlitejo grande y los patinegro.