La zona que abarca desde el nacimiento del Guadiana y el entorno de Las Tablas hasta la fortaleza de Calatrava la Vieja llegó a contar con 14 molinos hidráulicos.
Las imágenes que se muestran son los restos de aquellos ingenios que no sólo permitían la molienda del grano que hasta sus ruedas llegaba sino que cumplían otras funciones vitales.
En las zonas del río que por las características del terreno el agua quedaba embalsada se aprovechaba la bajada del agua durante la época estival y se construían estos edificios sobre el cauce natural del río. La imagen superior muestra el cauce que llevaba el agua hasta el molino de Griñón.
Estas edificaciones se realizaban paralelas a los puentes que ya existían para el trasiego de viajeros, ganados y carruajes. Se aprovechaban los ojos del puente por los que siempre corría el agua, o se canalizaba parte del río hasta los canales del molino.
Una de las medidas que se tomó cuando se decidió desecar los márgenes de los ríos manchegos fue destruir los molinos hidráulicos ya que sus sistemas de presas y compuertas permitían pasar una cantidad determinada de agua de tal modo que se mantenían inundados buena parte de los terrenos colindantes, agua que siempre era necesaria en los calurosos meses de verano en el que el nivel de los ríos bajaba mucho; agua que mantenía unos ecosistemas extraordinarios por su riqueza vegetal y faunística; agua que sobraba a los políticos, terratenientes, capitalistas y agricultores de la época que vieron una manera fácil de ganar terreno al río y sembrar en esos nuevos campos, pongamos, por ejemplo: cebollas. Otra medida disparatada que se tomó en contra del recorrido natural de los ríos fue la de abrir canales artificiales más profundos que los cauces y dirigir por ellos el agua que tendía a desbordarse. La imagen superior muestra, a la izquierda, el río Guadiana, una vez pasado el molino, y su cauce zigzagueante adaptándose al carácter del terreno ondulante de esa zona, a la derecha se aprecia el canal rectilíneo que se realizó.
Hoy no hay vuelta atrás en la destrucción que se llevó a cabo. Uno de los mayores atentados en contra de la naturaleza que se ha llevado a cabo en este país. No obstante, gracias a la lluvia caída estos años pasados y presente el río Guadiana, aunque con el agua prestada del río Azuer, presenta un aspecto a la altura del molino de Griñón, como muestran las imágenes tomadas esta misma mañana, muy similar a como debió ser en sus mejores tiempos.
Las imágenes que se muestran son los restos de aquellos ingenios que no sólo permitían la molienda del grano que hasta sus ruedas llegaba sino que cumplían otras funciones vitales.
En las zonas del río que por las características del terreno el agua quedaba embalsada se aprovechaba la bajada del agua durante la época estival y se construían estos edificios sobre el cauce natural del río. La imagen superior muestra el cauce que llevaba el agua hasta el molino de Griñón.
Estas edificaciones se realizaban paralelas a los puentes que ya existían para el trasiego de viajeros, ganados y carruajes. Se aprovechaban los ojos del puente por los que siempre corría el agua, o se canalizaba parte del río hasta los canales del molino.
Una de las medidas que se tomó cuando se decidió desecar los márgenes de los ríos manchegos fue destruir los molinos hidráulicos ya que sus sistemas de presas y compuertas permitían pasar una cantidad determinada de agua de tal modo que se mantenían inundados buena parte de los terrenos colindantes, agua que siempre era necesaria en los calurosos meses de verano en el que el nivel de los ríos bajaba mucho; agua que mantenía unos ecosistemas extraordinarios por su riqueza vegetal y faunística; agua que sobraba a los políticos, terratenientes, capitalistas y agricultores de la época que vieron una manera fácil de ganar terreno al río y sembrar en esos nuevos campos, pongamos, por ejemplo: cebollas. Otra medida disparatada que se tomó en contra del recorrido natural de los ríos fue la de abrir canales artificiales más profundos que los cauces y dirigir por ellos el agua que tendía a desbordarse. La imagen superior muestra, a la izquierda, el río Guadiana, una vez pasado el molino, y su cauce zigzagueante adaptándose al carácter del terreno ondulante de esa zona, a la derecha se aprecia el canal rectilíneo que se realizó.
Hoy no hay vuelta atrás en la destrucción que se llevó a cabo. Uno de los mayores atentados en contra de la naturaleza que se ha llevado a cabo en este país. No obstante, gracias a la lluvia caída estos años pasados y presente el río Guadiana, aunque con el agua prestada del río Azuer, presenta un aspecto a la altura del molino de Griñón, como muestran las imágenes tomadas esta misma mañana, muy similar a como debió ser en sus mejores tiempos.





Sería interesante mantener en pie, aunque sean las ruinas, de estas construcciones tan útiles en tiempos pasados. Además, estos molinos alojan a muchos animalillos que los habitan para refugiarse y anidar.
ResponderSuprimirSaludos.
Es que destruir esos molinos y hacer las transformaciones del cauce no es solo un atentado a la naturaleza sino también a la cultura, pero ni lo uno ni lo otro interesa a los políticos que solo tienen intereses económicos a corto plazo.
ResponderSuprimirEstimado Javier:
ResponderSuprimirDe momento ahí se mantienen visibles las ruinas de Griñón y las del Nuevo, medio siglo después de la bárbara acción que se acometió en pos de un progreso que ha resultado raquítico y ha derivado en un presente que sigue insaciable y quiere acabar cuanto antes con las ilusiones de un posible futuro para esta tierra. Porque de Zuacorta, la Máquina, la Parrilla, la Quebrada, etc. no quedan sino cuatro piedras cubiertas de escombros.
Es cierto Jesús, la función de los molinos no sólo era propicia para el mantenimiento de más o menos zonas encharcadas si no que propició unos modos de vida, una cultura con el río como principal modo de vida por lo que sus beneficiarios ya se ocupaban de cuidar el medio que les permitía subsistir.