21 feb. 2012

A verlas venir.

Mientras las aves van tomando posiciones en las zonas en las que pretenden criar y con sus cánticos tratan de atraer a las hembras que les permitirán seguir manteniendo la especie en Las Tablas se siguen haciendo pequeñas reparaciones.
El ciclo natural continua, el instinto de supervivencia, después de miles de años de rutina, ha enseñado a los animales a saber cuales son sus depredadores y el hombre es el mayor que han conocido.
Mientras los humanos, que parece que ya ni hacemos caso al instinto, ni a los datos precisos que maneja la ciencia, nos sentamos ante el televisor a verlas venir. Las grullas, mientras tanto, van partiendo desconcertado su instinto al creer que la primavera se vendrá encima en cuatro días, sin apenas tiempo para dejarnos adaptar de las  gélidas temperaturas de este invierno crudo al calor atípico que podemos sufrir en poco más de un mes.
El último  paseo que di por Las Tablas me ha permitido recapacitar sobre su futuro. Si los ciclos  que dicta la climatología, y ateniéndonos a la lógica de las estadísticas nos abocamos a unos años de sequías, si las políticas que se pretenden son de todo menos sensibles con el medio ambiente, este humedal nos ofrecerá más de un día de tristeza.
El otro día durante mi caminata, aun cuando estén rebosantes, sentí demasiado el amarillo pajizo de la vegetación, pesaba demasiado en las composiciones fotográficas que pretendía, creí ver una metáfora futura a través del visor de la cámara. Ojalá sea una percepción equivocada.